Masacre en Orlando, Masacre en Dallas

Por Howard Richards


Hay dos hipótesis principales: (1) Los asesinos eran locos.  (2) Los asesinos eran guerreros luchando por una causa política, o como quien dice eran “terroristas.”  En Orlando la causa fue ISIS.  En Dallas la causa fue vengar a los jóvenes negros asesinados por las policías.

La primera hipótesis nos recuerda que los 57 muertos en Orlando y en Dallas fueron solamente una pequeña muestra del enorme daño que infligen los enfermos mentales a terceros y a sí mismos todos los días y en todas partes.  La buena noticia es que hoy en día las ciencias de la psiquiatría y de la psicología –como casi todas las ciencias—han progresado.   Hoy en día se puede hacer mucho para prevenir y para curar la locura.   Hoy la atención profesional en forma individual o grupal o comunitario es capaz de bajar los niveles intolerables que padecemos de violencia doméstica, de drogadicción, de alcoholismo, de violencia de pandillas, de abuso de mujeres etc. etc.

La mala noticia es que todavía en el siglo 21 vivimos en estados de derecho fraguados en el siglo 18.  Los políticos siguen manejando la consigna “¡libertad natural!” como si fuera nuestro problema principal la defensa de la propiedad privada de los ciudadanos contra los abusos de los reyes y la nobleza.  El estado sigue siendo lo que Joseph Schumpeter llamaba un Steuerstaat, vale decir una institución que vive de impuestos.   El estado se encuentra siempre en la encrucijada entre subir los impuestos para pagar sus gastos y bajar los impuestos para estimular la economía.  Termina con promesas electorales incumplidos y deudas públicas impagables.  Hay un permanente crisis fiscal del estado junto con todo lo que Jürgen Habermas llamaba crisis de legitimidad.   Los derechos sociales –entre otros el derecho a la salud mental que faltaba en Orlando y en Dallas—son irrealizables por falta de fondos.   Mientras tanto el 1% controlan la riqueza nacional y enormes cantidades de dinero sobrante giran alrededor del globo en burbujas especulativas sin función social alguna.

Si no cambiemos de rumbo nuestras sociedades van a seguir generando locuras prevenibles en forma masiva, psicólogos van a seguir cesantes o manejando taxis en vez de realizándose en su profesión, y locos van a seguir asesinando a inocentes.

La segunda hipótesis es que los asesinos de Orlando y de Dallas tenían móviles políticos.  Según el testimonio de una sobreviviente, el asesino de Orlando dijo textualmente que su objetivo fue que los Estados Unidos deje de bombardear su país.  El asesino de Dallas no mató a policías en cualquier lugar sino en una manifestación multitudinaria contra la violencia policial.

En la medida que la segunda hipótesis sea cierta –y lo más probable es que ambas hipótesis sean ciertas—los problemas son políticos.  Requieren soluciones políticas.  Las soluciones políticas requieren dialogo.  Por eso la etiqueta “terrorista” es un paso atrás.   La voz “terrorista” ha llegado a significar, “persona con quien no se puede dialogar.”   “Terrorista” es un concepto que hace imposible la solución de los problemas políticos.   Descarta la política.

Mucho más prometedor es la actitud del presidente Barack Obama y otras autoridades de los Estados Unidos ante la masacre de Dallas.   Llaman a cada vez más dialogo entre las fuerzas policiales y la juventud negra.  Inician conversaciones necesarias.   Aquellas conversaciones deben terminar en propuestas para otras economías en otros marcos legales.

Lectura recomendada: “Hacia un marco jurídico para la economía solidaria,” http://revistas.academia.cl/index.php/academia

 

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